Pesadillas de quien alguna vez fue chivo expiatorio…

Esta es la escena de un sueño: Me estoy vistiendo y acicalando para ir a un evento muy importante, no estoy muy clara de qué se trata, sólo sé que es algo muy importante y tengo que darme prisa en alistarme porque me están esperando…al ponerme un vestido hermoso, blanco y con una falda muy amplia, como de quinceañera, me doy cuenta de que mis piernas están sin depilar y lucen asombrosamente hirsutas…intento ocultarlas bajo el vestido y me asalta el miedo de que en algún momento queden al descubierto y alguien pueda notarlo. Luego decido inspeccionar nuevamente la parte superior del vestido y veo que mis pechos están totalmente cubiertos de la misma capa de pelo, como piel de oso, además crece una especie de planta espinosa y fea formada por mi propia piel…me la paso preocupada y temerosa de que en algún descuido de mi parte, el vestido deje ver esa piel hirsuta y enferma que tanto me repugna. Finalmente empiezo a depilar y quitar todo aquello de mi piel y empiezo a sentir un gran alivio…en ese momento, me desperté, otro sueño extraño para completar mi saga de pesadillas.

Intentando descifrar los códigos de mi inconsciente, porque precisamente, los sueños y pesadillas vienen del inconsciente, reflexiono en que el día que cumplí 15 años no lucí un vestido hermoso, no hubo fiesta ni brindis, ni familia, ni amistades, sólo la más completa soledad e indiferencia. Era mi castigo; merecía ser castigada porque existían secretos oscuros en mi familia y yo era una bomba de tiempo, en cualquier momento podía hablar y contarlo todo…sí, esa era la mejor manera de amedrentarme, quitarme el único día de mi vida en el que me podía sentir especial y amada. No esperaba ni quería ninguna fiesta, me hubiese conformado con un abrazo y un “te quiero”. Todavía hoy día, me pregunto porqué tanta crueldad, tanta indiferencia? sigo pensando que ser una niña curiosa, reflexiva, que no se conformaba con un “porque-lo-digo-yo-y-me-respetas, mocosa-malcriada!!” como respuesta; la niña que se negaba a formar parte de esos asuntos tan turbios que para el resto de la familia eran tan normales… nada de eso te hace merecedora del escarnio, ninguneo y soledad. Ese día, será inolvidable para mí, pero no por las mismas razones en que todas las niñas recuerdan sus quince años, ese día me coronaron oficialmente como chivo expiatorio, y aprendí que para sobrevivir, tendría que aprender a bailar al son que dictaba esa familia en la que nunca encajé.

Durante años me empeñé en cubrir bien esos secretos asquerosos del sistema familiar, con un gran vestido simbólico…pero hoy día, siento orgullo en decir que es un alivio arrancar de raíz todas esas cosas que me hicieron tanto daño y que hirieron mi piel emocional, pero que ya no acepto y me niego a vivir la fiesta de mi vida, temerosa de que alguien note esos secretos que ya no me pertenecen…y que nunca formaron parte de mí, en realidad. 

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1 Comment

  • Isabel

    Vuelvo a comentarte de nuevo, porque das en el clavo. Los secretos familiares, es como la basura y nosotros el cubo donde tirarla.
    Gracias, gracias, gracias por tus artículos y por este blog.

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