Los niños dorados de la familia tóxica…ángeles o demonios?

 

“Mamá siempre tuvo tres bandejas: Bandeja de oro para mi hermano, bandeja de plata para mi hermana y bandeja de miér… para mí” .                               Ana, 35 años.

 

“Mi hermana siempre fue perfecta a los ojos de nuestra madre, la niña llevadera y apacible…yo era la criatura inquisitiva, la que siempre necesitaba respuestas a un “por qué”, creo que mi madre nunca me perdonó ese detalle”.                                     Rosa, 32 años.

“Mis padres volcaron todas sus atenciones en mi hermano mayor; invirtieron mucho más en su educación. Los demás hermanos no tuvimos todos sus privilegios, por eso, el creció creyéndose superior a nosotros”.                                                                     Charles, 43 años.

 Tal como ya hemos mencionado en entradas anteriores, el niño dorado de la familia disfuncional o “golden child” es aquel hermano o hermana que recibe un trato especial dentro del harém del padre o madre narcisista. Este niño reflejará toda la parte luminosa de la familia, es el niño trofeo, el consentido y mimado. Todo lo que haga o diga será aplaudido por el padre tóxico y los errores que cometa serán justificados o tal vez escondidos con la complicidad de sus padres. 

En las familias tóxicas, la triangulación es algo muy cotidiano, así que, es muy frecuente que los hermanos estén uno en contra del otro porque la madre narcisa se ha encargado de crear celos entre ellos a través de trato injusto a uno de ellos (el chivo expiatorio) y de premiar arbitrariamente a otro; así como también a través de comparaciones injustas creadas con toda la intención de desunir hermanos. Muchas veces, tanto en la adolescencia como en la adultez, este hijo dorado será el eterno cómplice del padre o madre tóxico para torturar psicológicamente al hijo desfavorecido.

Aunque el hecho de que uno de los hijos sea elegido como dorado ocurre casi siempre de manera arbitraria, creo que el sexo es importante, así una madre narcisista que tiene dos hijos, una niña y un niño, casi siempre tomará a la hembra como chivo expiatorio porque la verá como una extensión de sí misma, no le perdonará el hecho de que la niña desee diferenciarse y durante la adolescencia, esta hija será vista como una rival competidora. El varón, muy contrariamente, no representa competencia alguna para ella, por eso será el receptor de todo su apoyo incondicional. Igualmente pasa cuando el padre es tóxico, elegirá al varón como chivo expiatorio por la razón expuesta más arriba.

Qué ocurre entonces cuando la madre narcisista no tiene hijos, sino solamente hijas o si, por el contrario, no tuvo hembras, solamente varones? Elegirá como chivo expiatorio a aquella hija o hijo que tenga las cualidades o aptitudes de las que ella carece, y (por lo tanto) le representa una amenaza, porque es el hijo o hija que se está diferenciando del resto de la manada, es ese o esa quien se atreve a cuestionar el sistema familiar enfermo.

En el caso de los hijos únicos, el padre o madre tóxica puede tomar como niños dorados a otros miembros de la familia cercana: primas o primos, hijos de sus amistades o vecinos. En algunas familias, ocurre una dinámica diferente, el papel de niño o niña de oro puede cambiar con el tiempo. En alguna etapa de su vida puede ser el hijo favorito pero más adelante, por cualquier circunstancia, el padre tóxico puede destronarlo y convertirlo en chivo expiatorio. No hay reglas escritas y cada familia es un caso particular.

El hijo consentido casi siempre parece tomar ventaja de su condición y, muchas veces, contribuirá en mantener el legado de amor distorsionado de la familia. Caprichoso, voluntarioso…creerá (porque así lo programaron desde muy temprana edad) que merece lo mejor, que es superior a sus hermanos desfavorecidos. Lo enseñarán a no tener empatía por los demás. Linda Martínez-Lewi, en su libro “Freeing yourself from the narcisist in your life” comenta que este niño o niña de oro, se convertirá en narcisista en su adultez.

Contrariamente a todo lo que nosotros, quienes hemos sido desfavorecidos dentro de la familia disfuncional, podamos creer, ser el hijo dorado no es una ventaja ni una bendición. Es el hijo que probablemente nunca podrá escapar de la familia tóxica, con todo lo que eso implica. Al crecer dentro de una burbuja, dónde todo le era permitido, difícilmente encontrará un lugar en el mundo real; haber sido tan mimado le impedirá desarrollar las habilidades necesarias para sobrevivir. No olvidemos que el amor del narcisista es un amor distorsionado…todos los privilegios y el afecto que proyectó en el hijo dorado no estaban dirigidos al bienestar del niño en cuestión.

Para ejemplificar lo antes dicho, permítanme contarles esta historia que ocurrió muy cerca de mí: Teresa (no es su nombre real), era la hija dorada de una narcisista. Siempre fue privilegiada sobre su hermana menor, porque era más parecida a la madre, tanto físicamente como en su personalidad. Para cuando Teresa era adolescente, ya era toda una “rompe corazones”, lo que era celebrado por su madre; para cuando tenía unos veinte años, ya se había involucrado con un hombre casado, que le doblaba la edad y llevaba una vida bastante lujosa (de la que también se beneficiaba el resto de la familia), gracias a los regalos de su amante…todo esto bajo la mirada de aprobación y orgullo de la madre. Cuando Teresa decidió abandonar a su amante porque estaba enamorada de un chico de su edad, se invirtieron los roles, se convirtió en chivo expiatorio…su madre tóxica no estaba dispuesta a renunciar a la bonanza económica que significaba sacrificar hasta la ultima gota la dignidad de su “hija favorita”…además, ninguna madre o padre que ame sana y empáticamente va a anteponer su propia felicidad sobre las necesidades de sus hijos.

Los hijos privilegiados de las familias tóxicas, son ángeles o demonios? Dejo esta interrogante a su consideración, estimado lector. Tal y como queda asentado en Lucas 14:11 “Todo aquel que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”.  

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3 Comments

  • marina gonzalez

    Cómo te recuperas si te das cuenta de que te paso algo así? Estamos destinados a ser tóxicos también? Mi papa me decía que era su juguetito la que malcrio que era muy bonita y que me parecía a su mamá y que hacía bien las cosas. Pero tenia doble discurso eso me di cuenta cuando hice terapia. Era sarcástico a la vez y ponía y sigue poniendo en contra mio a mi mama. Mi psicólogo me dijo que mi papa es un psicopata y mi mama una manipuladora. Al afuera decia que nadie se metiera conmigo pero a mi me culpaba de todo en casa era controlador no le gustaban mis amistades alejaba a los chicos. Con mi hermana nos casamos de grande las dos. Nos costo mucho superar algunas cosas. Desarrollamos toc y ansiedad. A veces tenemos miedo de tener hijos para que no sufran. Yo me tuve que practicamente escapar de mi casa sino hubiera sido por mis primos y una amiga y el que hoy es mi querido esposo no hubiera podido salir adelante. Estoy destinada a repetir los patrones de mi casa?

    • W. Jimenez

      No estás destinada a repetir esos patrones. En otras entradas de este blog dejo algunas técnicas para superar nuestro dolor que en lo personal me han funcionado. Recuerda, tu puedes cambiar la historia para bien. Un fuerte abrazo.

  • Tamara

    Voy a escribir mi testimonio: mi hermana mayor era (y sigue siendo) la hija dorada, yo la oveja negra. Mi madre narcisista siempre me hizo sentir miserable, llegué a tener un brote emocional a los 16 años, por el cual casi me quito la vida. Lo único que recuerdo de mi adolescencia es que me la pasaba encerrada en mi cuarto para no tener que ver a mi madre. Recuerdo que me humillaba ante toda la familia por cualquier cosa, me quería hacer creer que yo le tenía envidia a mi hermana (¡jamás!) y lo peor es que se lo quería hacer creer a mi padre y a mis hermanas. Que yo era “rebelde”, que “nunca sería nadie”, que era “una inútil”, “que tenía la lengua mas larga que el cuerpo” (eso porque le decía verdades que ella no estaba dispuesta a escuchar), que “era una loca”, que nadie se fijaría en mi porque había chicas mucho más lindas que yo (como mi hermana mayor, por ejemplo). Y una larga lista de insultos que nunca acababan, hiciera bien o mal.
    Les cuento lo que sucedió: un día me di cuenta que debía ejercer mi pasión, esa que siempre estuvo ahí y yo me negaba a ver. Decidí ser escritora (escribo desde los 11 años, pero siempre lo hice a escondidas). Cuando lo dije abiertamente ante todos (que quería convertirme en escritora y publicar las novelas que hacía tiempo venía escribiendo, mi mamá me dijo “nena, eso es para la gente soñadora”. Mi hermana mayor (la niña de oro) de repente se enfureció conmigo, estaba negada con que yo fuera escritora. Un día la encontré leyendo mis escritos a escondidas. Creo que sentía envidia, pero ella no tiene la culpa, yo la quiero muchísimo y me encantaría que no sintiera envidia de mi ni de nadie, porque cada uno viene al mundo con un don.
    Con el tiempo, mi hermana se empezó a sentir peor con ella misma por no tener “un talento”. Cada vez que hablo con mi hermana, tiene algo malo para decir de mí, algo hiriente. Al igual que mi mamá.
    Creo, con el corazón, que ella no está buscando un talento sino admiración, lo que quiere es que la gente la felicite, que la aplaudan… pero no le interesa que una actividad la haga sentir llena. Por eso no la encuentra.
    Espero que algún día repare en eso y se de cuenta que uno tiene que brillar por ser quien es y no buscar la aprobación, de esa manera lo único que va a conseguir va a ser vivir para los demás. Y en cuanto a mi mamá… ya es un caso perdido.

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